¿Cómo educar a nuestro gato?

Todo el mundo conoce el carácter independiente de los gatos. Su personalidad puede complicar su educación, pero eso no significa que no puedan aprender ciertas normas o reglas de conducta básicas que hagan más llevadera  la convivencia entre humanos y felinos.

El comportamiento de los gatos y su forma de aprender difiere en muchos aspectos de la de los perros. En general, es más difícil educar a un gato, pero no es imposible. Su comportamiento independiente se debe a que los gatos son cazadores solitarios y, como están acostumbrados a vivir sin el apoyo de otros congéneres, no aceptan órdenes.

Para educarle no es necesario gritar, ni dar golpes, ni intentar castigarlo, ya que sólo lograrás que el animal te tenga miedo y no actúe como tú esperas. Lo mejor es educarle con voz suave, motivándolo a aprender mediante premios,  y con constancia.

Hay algunas pautas básicas que podemos enseñarle: 


– Nuestro gato tiene que aprender a respetar a las personas con las que convive. El tono de voz que usamos con ellos no puede ser autoritario, ya que el gato reaccionará con desconfianza hacia nosotros y se alejará porque sentirá miedo.

– Una de las primeras cosas es enseñarle a utilizar su arenero. Cuando veamos que va a hacer sus necesidades, hay que intentar  llevarle al arenero, hasta que el animal asocie que es ahí donde tiene que hacer sus necesidades.

– El aseo general es un punto importante que  hay que trabajar. Los gatos, normalmente, evitan el agua. Por eso hay que habituarles desde pequeños a meterles en el agua, cortarles las uñas, cepillarles, etc.

– Es bueno premiarlo cuando se porta bien. Los gatos no hacen nada por generosidad o para complacer a su dueño, lo único que les estimula es la recompensa. La recompensa puede ser algo comestible, caricias o jugar con ellos.

No asustar. Debemos hablarles siempre con el mismo tono y sin elevar la voz para no asustarles.  Evite también que se produzcan gritos o ruidos molestos cerca de él.

– Es muy común que el gato trate de afilar sus uñas en los muebles. Hay que enseñarle a no hacerlo. Hay que emplear un “no” sin alzar la voz pero firme, o un “ssshh” cada vez que vemos que lo hace. Para reforzar nuestro sonido podemos recurrir a pequeñas ayudas como salpicarle ligeramente con agua, o lanzarle una pelotita de papel en el momento adecuado. De este modo asociará su acción con algo negativo y evitará repetirlo.

Para enseñar al gato todas estas cosas, y que las aprenda, debemos armarnos de paciencia. Es la clave para que poco a poco y con constancia,  el gato vaya aprendiendo. De este modo lograremos mejorar la convivencia con él

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